Sunday, December 14, 2008

Una pluma de buitre

Los presentes de las fiestas navideñas siempre me causan angustia existencial... ¿es necesario corresponder siempre? ¿cómo se corresponde a los presentes comprados por mayoreo (chocolates, pequeños detalles, esas cosas)?

Uno de mis mayores placeres en la vida es regalar cosas a la gente a la que quiero, no necesariamente cosas compradas, una piedra, una flor a punto de ser pisada en la calle, una pluma de ave... Sin embargo, en estas fechas se me dificulta encontrar presentes adecuados, significativos, que tengan algún sentido, el que sea, y la perspectiva de entrar a una tienda (la que sea) me causa escalofríos...

Justo ahora miro, frente a mi, un regalo del joven W, una pluma de buitre encontrada junto a una laguna...

¿Será apropiado regalar plumas de aves a mis amigos por estas fechas?

¿Qué tipo de pluma le regalaría a A, y a Y, o a AH, a D?

¿Buitre? ¿Dirá algo eso de mí, del yo que ven otros?

1 Comments:

Blogger David Miklos said...

No creo que la idea del arte haya desaparecido. Sí, en esto concuerdo contigo, hay cada vez menos almas viejas. Pienso en Sada, un "orfebre de la palabra", hoy preocupado por las ventas de su obra. Es válido, sí, pero creo que la postura afecta su arte. Luego de su parteaguas, Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, publicó dos novelas apabullantemente malas. ¿O fueron tres? Luego, al parecer y por lo que he leído al comienzo de Casi nunca, regresó a su viejo espíritu narrativo (aunque no puedo afirmarlo, aún: no he proseguido en mi lectura de Casi nunca). El problema, supongo, cuando uno se dedica al arte y a la búsqueda de la belleza (el fin del arte antes del "final del arte"), el mercado se desentiende de uno y ganarse el pan, pues, se vuelve algo complicado. ¿Cómo escribir (o hacer) obras de arte si lo que impera, para ganarse la vida, es la distracción laboral, siempre lejana de esas obras de arte que buscamos consumar? Sacrificios, demasiados sacrificios. El problema, claro, es que cuando nos concentramos en dar con una voz narrativa, en escribir bien, se nos pide que narremos con la tripa y posmodernamente (eso parece querer un tipo como Heriberto Yépez, siempre confundido: será que se creyó eso de que es "inteligente", proferido por los críticos del sistema...), que escribamos con la tripa y desatendamos la calidad de la escritura (eso parece querer Rafael Lemus: obras imperfectas). En fin: una época confundida. Y no queda más que encerrarse, escribir lo más verdaderamente que podamos (aunque parezca mentira). Marginarnos. Y, la obra terminada, sacar a la luz nuestras voces (o nuestra luz o nuestros trazos). Eso. Algo así. (Y yo con una pluma de colibrí sería feliz.)

Monday, 22 December, 2008  

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