Wednesday, May 27, 2009

Venados

Vivir en una ciudad aletarga los sentidos. Sobre todo si se trata de la ciudad de México, donde la vista nunca alcanza más de tres cuadras y ya los ojos se ponen rojos por tanta contaminación.
Mudarme fuera del DF es una de las mejores decisiones que he tomado en la vida (por supuesto, como siempre, hice trampa y tengo aún un pie en el cochinero del detrito defecal). Aún así, nada podría haberme preparado para el encuentro de esta tarde.
Caminando de vuelta de comer hacia mi estudio (qué bien se siente decir eso), dentro de The Leighton Colony for Artists, me encontré, en el cruce de dos senderos, a un venado cola blanca dormitando tranquilamente. El ruido lo despertó y me miró pasmado, ya que había interrumpido su siesta del medio día en la que, estoy segura, digería deliciosas bayas de las que abundan aquí (no, Armando, no las he probado) y, una vez que decidió que no era una amenaza, se dedicó por los siguientes 15 minutos a acicalarse el pelaje...

Después de haber leído TODAS las indicaciones habidas y por haber que el Centro Banff amablemente coloca por todas partes acerca de qué hacer en una situación así, mis pensamientos tomaron el siguiente curso:
a). Ofrecerle la manzana que tenía en la mano (1. Do NOT feed any of the animals)
b). Acercarme hasta donde me lo permitiera, me sentía hipnotizada por sus enormes ojos coloir avellana y su lengua rosa mexicano (2. Do NOT aproach any of the wildlife, they are in mating season and/or breeding season and may be extremely dangerous)
c). Hablarle, decirle algo (Por supuesto que no hay ninguna prohibición al respecto, eso no quiere decir que no sea asaz estúpido)

Al final, me conformé con no moverme más (estábamos a menos de dos metros) y con cuidado sentarme sobre las hojas a observarlo. Cuando terminó de acicalarse, apoyó el morro sobre las patas delanteras por unos segundos, mirándome siempre con el rabillo del ojo. Su gesto me sorprendió por gatuno, por bestial... recordé a la gente a la que extraño y quiero... La nostalgia se esfumó cuando, harto de ser observado como criatura de zoológico, se levantó en un movimiento suave y elegante, dándome la espalda.

Recibido el mensaje, me levanté sin hacer ruido y di media vuelta.

La manzana reposa en mi escritorio. Mis manos aún tiemblan de emoción.

2 Comments:

Blogger David Miklos said...

Las bestias te dan la bienvenida: qué mejor llegada a Banff que ésa. Saludos a Banffbi.

Wednesday, 27 May, 2009  
Anonymous Anonymous said...

Mi enigmática Elizabeth, eres todo un personaje.

Wednesday, 27 May, 2009  

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